28 de junio de 2026

Consuelo en medio del dolor

Tras el terremoto en La Guaira, Venezuela, nos reunimos en un culto especial para llorar y esperar juntos. Predicaron cuatro hermanos, y todos llegaron al mismo consuelo: Dios no se aparta de nuestro dolor; se acerca para sostenernos en medio de él.

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Jonathan Hanegan · Gabriel Damalis · Jose Izarra · Eric Prato

28 de jun de 2026


Tras el terremoto en La Guaira, Venezuela, nos reunimos en un culto especial para llorar y esperar juntos. Predicaron cuatro hermanos, y todos llegaron al mismo consuelo: Dios no se aparta de nuestro dolor; se acerca para sostenernos en medio de él.

1 · Jonathan Hanegan — La creación gime, pero Dios la renueva

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La cruz la inventaron los hombres como instrumento de muerte, y Dios la transfiguró: la convirtió en algo que para nosotros es hermoso. Y promete hacer lo mismo con toda la creación, que hoy gime bajo el peso del dolor.

«En nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros» — Romanos 8:18 (NVI)

La misma tierra que nos cobija, que nos da flores y frutos, también sufre las consecuencias del pecado: terremotos, desastres. No siempre fue así. Y la creación, igual que nosotros, gime esperando su redención.

Pero fijate dónde estamos parados: entre la resurrección de Jesús y su segunda venida. Nuestra esperanza no está solo en el más allá. Dios nos acompaña ahora, y en cada gesto de solidaridad, en cada persona que corre a ayudar, asoman pequeños destellos de la redención que ha de venir. No perdamos la esperanza.

2 · Gabriel Damalis — El consuelo sostiene, no borra el dolor

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Job se atreve a decirle a Dios cuánto le duele: «¿cuánto falta para que amanezca?». Tú también puedes acercarte así, afligido, porque Dios no se aparta de tu lamento.

«Él les enjugará toda lágrima de los ojos» — Apocalipsis 21:4 (NVI)

El consuelo no se trata de erradicar el dolor. Se trata de abrazar y sostener. Porque el dolor te desmorona, te tira al suelo; y la consolación es ese amigo que pone su hombro debajo del tuyo para que no termines de caer. Eso hace Dios a través de Jesús: te sostiene.

Y hay algo todavía más hermoso: a Dios le duele lo que a ti te duele. Por eso Jesús llora cuando mueren sus amigos. Dios ve tu sufrimiento y no te deja solo; es un padre que te acompaña cuando lloras.

3 · Jose Izarra — La fe, el puente del dolor a la esperanza

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La fe no es algo teórico, ¿no? No es un estado mental donde repetimos verdades que dan vueltas en la cabeza. Es una manera de vivir, una lealtad a Jesús; y es el puente que nos lleva del sufrimiento hasta el consuelo.

«Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia» — Salmo 46:1 (NVI)

Fíjense bien en lo que dice el salmo: «nuestra ayuda segura en momentos de angustia». No dice «ayuda rápida». No dice «el que evita tu sufrimiento». La angustia va a estar, el sufrimiento va a estar. Pero Dios se ofrece como refugio justo en medio de la angustia.

«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.» La fe que pusimos en Jesús es ese puente: el que nos lleva a atravesar el dolor hasta alcanzar la esperanza.

4 · Eric Prato — Cuando faltan las palabras, oramos

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A mí me ha costado encontrar las palabras. Capaz, frente a un dolor así, nos sentimos medio anestesiados: sabemos que es real, pero no sabemos qué hacer. Y aunque cuesta recordarlo cuando duele, la muerte no es el último capítulo. Cuando me faltan las palabras, las busco en oraciones de otros que ya creyeron y supieron decirlas. Les pido que oren conmigo.

«Sabemos que, si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en los cielos, no construida por manos humanas» — 2 Corintios 5:1 (NVI)

«Oh Dios, que reúnes lo que ha sido esparcido, cobíjanos ahora a la sombra de tus alas. Oh Cristo, que vendas nuestras heridas, sé nuestro gran sanador. Oh Espíritu, que entras en cada uno de nuestros dolores, intercede ahora por este pueblo lastimado. Tú no huyes de nuestro quebranto, Dios; siempre te acercas a los más necesitados. Aún en la sombra de semejante tragedia, que no perdamos la esperanza.»

Comparto con ustedes una oración que me ha ayudado poner en palabras el dolor que he sentido esta semana y expresarle a Dios mis peticiones. La oración pide por los que están de duelo y por todos los que corren a socorrer, y nos recuerda que, aun en medio de esta herida, estamos conectados como pueblo.

Pasaje bíblico

  • Romanos 8:18-27 (NVI)
    De hecho, considero que en nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros. La creación aguarda con ansiedad la revelación de los hijos de Dios, porque fue sometida a la frustración. Esto no sucedió por su propia voluntad, sino por la del que así lo dispuso. Pero queda la firme esperanza de que la creación misma ha de ser liberada de la corrupción que la esclaviza, para así alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que toda la creación todavía gime a una, como si tuviera dolores de parto. Y no sólo ella, sino también nosotros mismos, que tenemos las primicias del Espíritu, gemimos interiormente, mientras aguardamos nuestra adopción como hijos, es decir, la redención de nuestro cuerpo. Porque en esa esperanza fuimos salvados. Pero la esperanza que se ve, ya no es esperanza. ¿Quién espera lo que ya tiene? Pero si esperamos lo que todavía no tenemos, en la espera lo aguardamos con paciencia. Así mismo, en nuestra debilidad el Espíritu acude a ayudarnos. No sabemos qué pedir, pero el Espíritu mismo intercede por nosotros con gemidos que no pueden expresarse con palabras. Y Dios, que examina los corazones, sabe cuál es la intención del Espíritu, porque el Espíritu intercede por los creyentes conforme a la voluntad de Dios.
  • Job 7:1-11 (NVI)
    ¿No es acaso una lucha la vida del hombre sobre la tierra? ¿No son sus días como los de un jornalero? Como el esclavo que anhela la sombra, o como el jornalero que espera su paga, meses enteros he vivido en vano; ¡me han tocado noches de miseria! Me acuesto y pienso: «¿Cuánto falta para que amanezca?» La noche se me hace interminable; me doy vueltas en la cama hasta el amanecer. Tengo el cuerpo cubierto de gusanos y de costras; la piel se me raja y me supura. Mis días se van más veloces que la lanzadera de un telar, y sin esperanza alguna llegan a su fin. Recuerda, oh Dios, que mi vida es un suspiro, y que mis ojos no volverán a ver la dicha. Los ojos que hoy me ven, no me verán mañana; pondrás en mí tus ojos, pero ya no existiré. Como nubes que se diluyen y se pierden, los que bajan al sepulcro ya no vuelven a subir. Nunca más vuelven a su casa; desaparecen del lugar donde vivían. Por lo que a mí toca, no guardaré silencio; la angustia de mi espíritu me lleva a hablar, la amargura de mi alma me obliga a protestar.
  • Apocalipsis 21:3-4 (NVI)
    Oí una potente voz que provenía del trono y decía: «¡Aquí, entre los seres humanos, está la morada de Dios! Él acampará en medio de ellos, y ellos serán su pueblo; Dios mismo estará con ellos y será su Dios. Él les enjugará toda lágrima de los ojos. Ya no habrá muerte, ni llanto, ni lamento ni dolor, porque las primeras cosas han dejado de existir.»
  • Salmos 46:1-11 (NVI)
    Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia. Por eso, no temeremos aunque se desmorone la tierra y las montañas se hundan en el fondo del mar; aunque rujan y se encrespen sus aguas, y ante su furia retiemblen los montes. Hay un río cuyas corrientes alegran la ciudad de Dios, la santa habitación del Altísimo. Dios está en ella, la ciudad no caerá; al rayar el alba Dios le brindará su ayuda. Se agitan las naciones, se tambalean los reinos; Dios deja oír su voz, y la tierra se derrumba. El SEÑOR Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob. Vengan y vean los portentos del SEÑOR; él ha traído desolación sobre la tierra. Ha puesto fin a las guerras en todos los confines de la tierra; ha quebrado los arcos, ha destrozado las lanzas, ha arrojado los carros al fuego. «Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios. ¡Yo seré exaltado entre las naciones! ¡Yo seré enaltecido en la tierra!» El SEÑOR Todopoderoso está con nosotros; nuestro refugio es el Dios de Jacob.
  • 2 Corintios 5:1-5 (NVI)
    De hecho, sabemos que si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en los cielos, no construida por manos humanas. Mientras tanto suspiramos, anhelando ser revestidos de nuestra morada celestial, porque cuando seamos revestidos, no se nos hallará desnudos. Realmente, vivimos en esta tienda de campaña, suspirando y agobiados, pues no deseamos ser desvestidos, sino revestidos, para que lo mortal sea absorbido por la vida. Es Dios quien nos ha hecho para este fin y nos ha dado su Espíritu como garantía de lo que está por venir.

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