Tras el terremoto en La Guaira, Venezuela, nos reunimos en un culto especial para llorar y esperar juntos. Predicaron cuatro hermanos, y todos llegaron al mismo consuelo: Dios no se aparta de nuestro dolor; se acerca para sostenernos en medio de él.
1 · Jonathan Hanegan — La creación gime, pero Dios la renueva
La cruz la inventaron los hombres como instrumento de muerte, y Dios la transfiguró: la convirtió en algo que para nosotros es hermoso. Y promete hacer lo mismo con toda la creación, que hoy gime bajo el peso del dolor.
«En nada se comparan los sufrimientos actuales con la gloria que habrá de revelarse en nosotros» — Romanos 8:18 (NVI)
La misma tierra que nos cobija, que nos da flores y frutos, también sufre las consecuencias del pecado: terremotos, desastres. No siempre fue así. Y la creación, igual que nosotros, gime esperando su redención.
Pero fijate dónde estamos parados: entre la resurrección de Jesús y su segunda venida. Nuestra esperanza no está solo en el más allá. Dios nos acompaña ahora, y en cada gesto de solidaridad, en cada persona que corre a ayudar, asoman pequeños destellos de la redención que ha de venir. No perdamos la esperanza.
2 · Gabriel Damalis — El consuelo sostiene, no borra el dolor
Job se atreve a decirle a Dios cuánto le duele: «¿cuánto falta para que amanezca?». Tú también puedes acercarte así, afligido, porque Dios no se aparta de tu lamento.
«Él les enjugará toda lágrima de los ojos» — Apocalipsis 21:4 (NVI)
El consuelo no se trata de erradicar el dolor. Se trata de abrazar y sostener. Porque el dolor te desmorona, te tira al suelo; y la consolación es ese amigo que pone su hombro debajo del tuyo para que no termines de caer. Eso hace Dios a través de Jesús: te sostiene.
Y hay algo todavía más hermoso: a Dios le duele lo que a ti te duele. Por eso Jesús llora cuando mueren sus amigos. Dios ve tu sufrimiento y no te deja solo; es un padre que te acompaña cuando lloras.
3 · Jose Izarra — La fe, el puente del dolor a la esperanza
La fe no es algo teórico, ¿no? No es un estado mental donde repetimos verdades que dan vueltas en la cabeza. Es una manera de vivir, una lealtad a Jesús; y es el puente que nos lleva del sufrimiento hasta el consuelo.
«Dios es nuestro amparo y nuestra fortaleza, nuestra ayuda segura en momentos de angustia» — Salmo 46:1 (NVI)
Fíjense bien en lo que dice el salmo: «nuestra ayuda segura en momentos de angustia». No dice «ayuda rápida». No dice «el que evita tu sufrimiento». La angustia va a estar, el sufrimiento va a estar. Pero Dios se ofrece como refugio justo en medio de la angustia.
«Quédense quietos, reconozcan que yo soy Dios.» La fe que pusimos en Jesús es ese puente: el que nos lleva a atravesar el dolor hasta alcanzar la esperanza.
4 · Eric Prato — Cuando faltan las palabras, oramos
A mí me ha costado encontrar las palabras. Capaz, frente a un dolor así, nos sentimos medio anestesiados: sabemos que es real, pero no sabemos qué hacer. Y aunque cuesta recordarlo cuando duele, la muerte no es el último capítulo. Cuando me faltan las palabras, las busco en oraciones de otros que ya creyeron y supieron decirlas. Les pido que oren conmigo.
«Sabemos que, si esta tienda de campaña en que vivimos se deshace, tenemos de Dios un edificio, una casa eterna en los cielos, no construida por manos humanas» — 2 Corintios 5:1 (NVI)
«Oh Dios, que reúnes lo que ha sido esparcido, cobíjanos ahora a la sombra de tus alas. Oh Cristo, que vendas nuestras heridas, sé nuestro gran sanador. Oh Espíritu, que entras en cada uno de nuestros dolores, intercede ahora por este pueblo lastimado. Tú no huyes de nuestro quebranto, Dios; siempre te acercas a los más necesitados. Aún en la sombra de semejante tragedia, que no perdamos la esperanza.»
Comparto con ustedes una oración que me ha ayudado poner en palabras el dolor que he sentido esta semana y expresarle a Dios mis peticiones. La oración pide por los que están de duelo y por todos los que corren a socorrer, y nos recuerda que, aun en medio de esta herida, estamos conectados como pueblo.




